Correspondencia

59. A Elena Garro, 20 de abril de 1937

Año

1937

Lugares

Mérida, Yucatán

Tipología

Carta

Temas

Paz en Mérida: la primavera socialista de 1937

Aunque sospecho que Paz ya tenía idea, desde finales de marzo, de que iba a ser invitado al segundo Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, que iniciaría el 4 de julio en España, este día 20, El Nacional de México y el Diario del Sureste de Mérida publican un cable de United Press (UP) fechado el 19 en Valencia:

JUAN MARINELLO Y GUILLÉN VAN A VALENCIA

De fuentes que merecen todo crédito se sabe que los representantes de México en el Congreso Internacional de Escritores que se iniciará en Valencia el próximo mes de junio, serán los señores Ernesto Madero,[1]  Octavio Paz y Enrique Ramírez y Ramírez.
Por otra parte también se ha podido saber en esas fuentes que los representantes de Cuba serán los señores Juan Marinello y Blas (sic) Guillén, que actualmente residen en México. El primero de ellos escritor de izquierda y el segundo poeta laureado.

Hoy sabemos, gracias a las pesquisas de Ángel Gilberto Adame, que el 9 de abril, en París, a nombre del comité organizador del Congreso, envía al “Señor LEAR” (es decir, a la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios) una carta-cable en la que lo invita a acudir a España, con todos los gastos pagados. Neruda pide una respuesta urgente y guardar toda la discreción del caso. El mismo día 9, Neruda envía otro mensaje en el que dice haber escrito también a Juan Marinello, a Nicolás Guillén y a Octavio Paz, en los mismos términos. No deja de ser extraño que no mencione a Carlos Pellicer a quien —supongo— le habrá escrito Rafael Alberti. “No hagáis publicaciones sobre este asunto”, insiste Neruda en el mensaje. Bien pudo ser esa carta a Paz la que se hizo perdediza en los días siguientes en las oficinas de la LEAR.

La narración de cómo se enteró de la invitación en esta carta, desdice la versión que narraría muchos años después en su “Prólogo” (9:22) a Itinerario, que es una versión más “literaria” y romantizada. Según su versión para la posteridad, narra que pasaba una semana de vacaciones en Chichén-Itzá cuando…

mientras recorría el Juego de Pelota, se me acercó un presuroso mensajero del hotel y me tendió un telegrama que acababa de llegar de Mérida, con la súplica de que se me entregase inmediatamente. El telegrama decía que tomase el primer avión disponible pues se me había invitado a participar en el Congreso Internacional de Escritores Antifascistas que se celebraría en Valencia y en otras ciudades de España en unos días más. Apenas si había tiempo para arreglar el viaje. Lo firmaba una amiga (Elena Garro). El mundo dio un vuelco (…).

Cuatro o cinco días después estaba de regreso en México. Allí me enteré de la razón del telegrama: la invitación había llegado oportunamente hacía más de un mes pero el encargado de estos asuntos en la LEAR, un escritor cubano que había sido mi profesor en la Facultad de Letras (Juan Marinello[2]), había decidido transmitirla por la vía marítima. Así cumplía el encargo pero lo anulaba: la invitación llegaría un mes después, demasiado tarde. El poeta Efraín Huerta se enteró, por la indiscreción de una secretaria; se lo dijo a Elena Garro y ella me envió el telegrama. Al llegar a México, me enteré de que también había sido invitado el poeta Carlos Pellicer. Tampoco había recibido el mensaje. Le informé de lo que ocurría, nos presentamos en las oficinas de la LEAR, nos dieron una vaga explicación, fingimos aceptarla y todo se arregló.

Decía William James que el antónimo de la verdad no era la mentira, sino la memoria: ¿prefería Paz esta versión, o simplemente olvidó los hechos? Creo que a la distancia, Paz se fabricó esta versión para enfatizar el enfado que produjo en la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR) que los invitados fueran él y Pellicer, una decisión que habían tomado Rafael Alberti y Pablo Neruda, consejeros de la organización del congreso para los invitados hispanoamericanos. No deja de ser curioso que en su libro Memorias. España 1937 (Siglo XXI, 1992), Garro aporte la misma versión: “Paz estaba en Yucatán y no se enteró de la invitación, ya que ésta salió en un rincón pequeño de un periódico. Hubo que mandarle telegramas. (p. 7)

Sí es cierto que la noticia corrió pronto por los mentideros de México, sobre todo entre la LEAR que, más tarde, creará su propia delegación a la que agregará a José Mancisidor, a Fernando Gamboa y a Silvestre Revueltas. Todo esto se narra en detalle en mi libro Al filo del ideal. Octavio Paz en la guerra civil española (Madrid, Visor, 2008).



Helen:

Te escribo de prisa. Agotado por el mucho trabajo y el calor. Un trabajo absurdo, de oficios, telegramas, etc. y estaba triste, deshecho, en un pantano. En los últimos días he bajado tres kilos, cosa admirable y que te llenará, como a mí, de alegría, pues empezaba a engordar. Tu carta, Helen mía, me ha sacado del pantano. Ya estoy bien. Esa espantoso lo que me decías en tu anterior y no pude dormir. ¿Era justo? No sé, no sé, pero por lo menos, era poco caritativo. Mira, cuando sientas esos arrebatos escribe y luego lee lo escrito. Creo que así se calman. Yo me explico todo muy bien, y creeme que estoy conmovido y sufro por la distancia. Pero yo quiero casarme contigo y lo lograré.

Helen, lo único que me desagrada de tu carta es esto: que no me digas el nombre del miserable y que insistas en las malas compañías. Que metas a ese joto en el baile. En todo eso no me has hecho caso. Te ruego lo hagas, bien mío.

Creo que lo que tienes son anginas. De cualquier modo cúrate. Estoy intranquilo. La otra noche vi en el periódico que hay gripe grave, ve a un médico y contéstame dime lo que te comunique y recete. Los de la U. son unos desgraciados. No les he escrito porque ellos no lo han hecho, pero ya hoy le puse una carta a Toscano, diciéndole que me diga “las razones concretas que hay para que se haya retardado tu asunto”. La próxima irá más dura. Esto me apena, sobre todo, por tu situación. Yo me empeño en que esto se arregle y se arreglará. Quizá (ya ves qué sangrones son) el idiota de Camarena tenga la culpa o algo por el estilo. (Esto es broma, pero quita a ese tipo del baile y pon a Taltibio.[3])

Helen: tengo una letra infame. Estoy muy nervioso. No puedo escribir. Tengo, dentro de diez minutos, una cena con Pérez Martínez, que acaba de llegar de México.[4] Además, el notición: puede que me vaya a España. En ese caso, quiero ver cuánto me dan. Y te llevaré si puedo, y creo que sí podré. En fin, no sé. Discreción Absoluta. Ve a [Enrique] Ramírez (no le digas nada de que quiero llevarte, a él ni a nadie) y dile que me dé su dirección y me escriba aéreo. Yo ya puse un telegrama. Esto es urgente. Lee el Nacional de hoy, página de cables.[5] Es urgente. Discreción. Si no puedes salir, no te importe, vida mía, que yo ya comisioné a Ortiz. Me darás un gran disgusto si sales estando enferma, pues no es necesario. No digas nada a nadie, por favor sé discreta y no cometas imprudencias.

¿Te gustó el cuento?[6] Tengo otro. Ya te los mandaré, con fotos y todo. Eso vale más que Perséfona.[7]  Aunque tú, burguesita mía, no lo creas.

Helen, voy a terminar. Te beso. No olvides mis recomendaciones: 1. Cúrate. 2. Si puedes, ve a Ramírez. 3. Pedirle dirección y que se comunique conmigo. Dale mi dirección. 4. No cometer imprudencias. 5. Bésame.

Perdona la rapidez. Y la letra. Mañana te escribo, largo y tendido. Te explicaré todo. Te diré mil cosas. Te regañaré. Te hablaré de todo.

Tus cartas son encantadoras. Están muy bien así. No te pongas al tú por tú con esa idiota. Y corre a todos esos tipos.

Nada más. Besos, en todas partes. Y cordura. Cordura, cordero mío. Corza. Venadito. Eso eres tú, rubia adorada, bien mío, voz de mi carne, forma de mi alma y de mi destino.

                                                            Octavio.

Mañana te escribo largo. Contéstame. No te muevas de la cama. Lo de Ramírez sólo que puedas. Yo ya comisioné a Ortiz [Ávila]

Helena:

Olvidaba decirte: 1. En tres cartas me escribe mi mamá preguntando por ti y suplicándome te diga que le hables.[8] Ella ha marcado tu número infructuosamente. Si te causa un problema no lo hagas. Creo que el rencor debe desaparecer.[9] No le digas de lo de España sino lo que sabe todo el mundo. Y, por favor, hablen —de mí, mucho, sin malas interpretaciones y con cariño mutuo y a mí. Sean buenas.

2. Habla a la U. para saber qué ha pasado. Ellos ya habrán recibido mi carta. Creo que debes hacerte la ignorante, para saber qué dicen. Si no dicen nada, diles que yo te dije que les había escrito recordando el asunto.

3. Te suplico no olvides lo de Ramírez.

4. Estoy a tus órdenes y avísame cualquier dificultad, así como si se van a cambiar y su domicilio.

5. Te mando dos fotos.

Linda mía, te beso.

                                                            Octavio.



NOTAS

[1] Es un cable ajeno al estilo de la agencia UP. ¿Será real? El periodista y diplomático Ernesto Madero Vázquez (1913-1996) había estado en España cubriendo el levantamiento de Franco para El Nacional pero, hasta donde sabemos, no fue al Congreso. Ramírez y Ramírez, cuya presencia en la nota del diario es inexplicable, tampoco acudió. Y Blas Guillén es, claro, el poeta cubano Nicolás Guillén. En la edición del Diario del Sureste se suprimió el segundo párrafo.

[2] En ningún otro escrito menciona Paz haber asistido a clases en esa facultad, ni a Marinello.

[3] Ya antes (carta 41) había aparecido “Taltibio”, que es Rodolfo Echeverría Álvarez (a) “Rodolfo de Anda”, actor del Teatro Universitario. Es el nombre del personaje que actuó en la puesta en escena de Las Troyanas, de Eurípides. No sé quién sería el tal Camarena.

[4] Héctor Pérez Martínez, escritor revolucionario y nacionalista, director del diario El Nacional, había llegado a Mérida el 19, como lo avisa en un suelto del Diario del Sureste, que registra que “lo fueron a saludar sus amigos Octavio Paz, Octavio Novaro y Ricardo Cortés Tamayo”. Se recordará que Pérez Martínez había polemizado en 1932 con Alfonso Reyes y los Contemporáneos (puede verse al respecto mi libro México en 1932. La polémica nacionalista.

[5] Véase la presentación a esta carta. Hay que conjeturar que Pérez Martínez le menciona a Paz la invitación a España

[6] Se refiere al relato de Juan de la Cabada que le envió en carta previa (la 47): el “cuento del Tan Tin Kul”.

[7] De nuevo, un reparo al “traidor” André Gide, autor de la pieza que Garro y sus amigos montan en el Teatro Universitario.

[8] Entre las cartas de doña Pepa a su hijo (que guardó Elena Garro) hay una de estas fechas en las que la madre le dice al hijo:

“Desde el dia de mi santo que me hablo Elena como te dije no me ha vuelto hablar y me estraña pues hablamos bastantito y estuvo contenta yo tambien varias veces he tratado de comunicarme con ella pero el telefono no contesta y pregunte a la central y me dijeron que no tiene servicio no se porque cera pero ella podia hablarme por otro telefono verdad ¿que estas enojado con ella? Si no es asi dile que alguna ves me hable para saber de ella”.

Comenté estas cartas en “Cartas de amor con faltas de lenguaje”, en Habitación con retratos.

[9] Como se ha visto a lo largo de la correspondencia, había “mala sangre” entre Helena y su suegra, doña Pepa.