Conversaciones y novedades

El retrato de Elena y Octavio

Ángel Gilberto Adame

Tipología

Novedades

Lustros

1935-1939
1940-1944
1985-1989

De Moreno Villa (1938).

 

 

“Ver es un privilegio y el privilegio mayor es ver cosas nunca vistas: obras de arte […]. El lenguaje de la pintura —líneas, colores, volúmenes— entra literalmente por los ojos: su código es primordialmente sensible. La pintura es un lenguaje que se basta a sí mismo”.[1]

 

El interés de Paz en las artes plásticas fue una segunda naturaleza, como se aprecia en los dos tomos con sus ensayos: Los privilegios de la vista. Es poco sabido que a veces llenaba páginas con dibujos y caricaturas. Una paradoja del gusto de Paz por el arte es que él también se tradujo en pintura. Se conocen al menos tres retratos, quizás el más famoso —pues ha sido exhibido mucho y se empleó en las cortinillas de la serie de televisión “México en la obra de Octavio Paz”— sea el de Alberto Gironella, de 1985. Otro es el de Lucinda Urrusti, que ordenó El Colegio Nacional (en cuya galería aparecen todos sus miembros). Finalmente, como ganador del Premio Cervantes, fue retratado en 1981 por Ángel Mateo Charris. Según testimonios de José Luis Cuevas y Juan Soriano, no lo gustaba posar, salvo para sus amigos fotógrafos, como Manuel Álvarez Bravo, por lo que no pudieron hacer pieza alguna sobre él.

De Ángel Mateo Charris (1981).

Gracias a cartas, información periodística y otros escritos se puede dar cuenta ahora de un nuevo retrato, obra del gran escritor malagueño José Moreno Villa, que también pintaba, del cual no se sabe mayor cosa, salvo que pertenece a una colección privada.

 

Moreno Villa fue uno de los primeros republicanos que llegaron a México. Elena Garro y Paz, entusiastas promotores de la llegada de españoles al país, le ofrecieron hospedaje en su casa. A Garro, desde luego, sí le gustaba posar, y lo hizo para Juan Soriano, Antonio Peláez y Ramón Gaya. El retrato de Gaya es inencontrable pero es mencionado en diferentes momentos de la vida de Garro:

Jueves 3 de octubre de 1974

[...] Fui a ver al cónsul de México, Martín Brito: Orense 11. Me recibió enseguida. Le expliqué que debía diez mil pesetas y me echaban a la calle con Helenita enferma. Le ofrecí el recibo de los mink valuados en 300 000 pesetas si me prestaba las diez mil. No quiso. Carece de dinero. Lloré. Me dijo volviera a las cuatro. Volví. Llamo a Pepa. Escena con ella. [...] “¿Te parece bien que tu única nieta vaya a un asilo de caridad que está consiguiendo el señor cónsul?”. “Yo no sé nada, etc.”. El cónsul escuchaba. Prometió el asilo para mañana, pues ya era tarde. Me dio mil pesetas. Salí tragando sangre. Volví al hotel. Helenita aterrada. Llamé a Carlos B. Le pedí las diez mil, le ofrecí los mink, el Gaya, el tocadiscos.[2]

De Alberto Gironella (1985).
Del óleo de Moreno Villa también se tienen pocas pistas. El autor lo menciona en sus Memorias:

Lamentamos no verle [a Paz] ni personalmente oírle hablar con aquella pasión de cerebro joven entonces, con aquella seguridad de joven voraz que lo distinguía por los años en que yo frecuentaba su casa y le retraté al óleo, juntamente con Elena, su esposa. La simpatía mutua brotó desde su llegada de España. Siempre le tuve por uno del grupo hispano, el más afín de todos los poetas que iba conociendo en el nuevo continente.

  En este fragmento, Moreno Villa describe someramente el lienzo en el que aparece la pareja, lo que lo hace singular. También Paz hará alusión al momento en que fue retratado en “Vivacidad de José Moreno Villa”: “puedo recordar [su rostro] (…), pintando mi retrato y el de Helena, en casa de Guerrero Galván.”[3] Advertí, al cotejar este texto en las Obras completas, que este párrafo fue eliminado, condenando al retrato aún más al olvido.[4]   En los recuerdos de Helena Paz, también se puede tirar del hilo sobre esta historia. Aunque ella se refiere a un Villaseñor, es muy posible que esté confundida y que, en realidad, se trate del cuadro de Moreno Villa, pues la obra es de 1938 y la hija sólo narra recuerdos transmitidos. El fragmento es revelador, ya que también menciona el misterioso lienzo de Gaya:
 
Juan Soriano pintó un muy buen retrato de mi madre en esa época[5]. Lo mismo que Ramón Gaya. Villaseñor, el pintor español también le hizo un bello lienzo. Ante esto, mi padre se quejaba con los amigos: —¿Por qué no me pintan a mí? —Porque eres mofletudo, y no tienes ángulos —le contestaba la mayoría de los pintores. Sin embargo, tanto le suplicó a Villaseñor, que éste lo incluyó en un retrato que le había hecho a mi madre. Años después, cuando regresamos a México, una de las tantas veces que se separaron, mi padre, arbitrariamente, se llevó el cuadro de Villaseñor a casa de su madre y ahí se quedó.[6]
 

El cuadro de Moreno Villa fue presentado por única vez en noviembre de 1940 en la Galería de Arte Mexicano de Inés Amor[7]. Se exhibió, entre otros, junto con los retratos de Carolina Amor de Fournier, Enrique Diez-Canedo, Carmen Barreda, León Felipe y Daniel Cosío Villegas. Después, su rastro se perdió por más de cuatro décadas. Al narrar la parte que le contaron de esa historia, Helena Paz afirma que quedó en posesión de la familia y que pudo haberse quemado en el incendio del departamento de su padre en 1996, lo que, desde luego, no corresponde a la verdad sino a su fantasía.

 

Efraín Huerta, en Las columnas del Periquillo” —sección de chismes de la palomilla intelectual— hace una mención sobre la pieza:

Actualmente, México está viendo que todos sus pintores —una mayoría, quiero decir— se entregan con envidiable ahínco al retrato. […] Sorianito amenaza pintar un grupo familiar con los esposos Paz y su hijita, a la que llaman la poetisa más joven de México”, título que también tendría la hija de Carmen Toscano. Si Juan Soriano pinta los retratos de Octavio, Helena y Laura Helena, no va a ser grueso el coraje de Moreno Villa, ya que éste, hace tiempo, hizo un cuadro semejante, aunque, es claro, sin la pequeña. Pero un día, José Moreno Villa despojó a los Paz del cuadro, de donde le surgió a Juan Soriano la idea de hacer uno por su cuenta. ¿En venganza? Es muy posible: se cuenta que el que pintara Moreno Villa no estaba del todo bien.[8]

 

El destino del cuadro es conjeturable. Que se haya quedado en poder de Paz y que, debido a sus iniciales dificultades económicas, lo haya rematado. Otro es el que señala Huerta, con algo de jiribilla, y es que Moreno Villa se lo haya pedido a los retratados, lo que insinúa suposiciones sobre la relación entre el poeta y el pintor, o quizás sólo que el resultado final no haya sido satisfactorio.

  El lienzo fue visto por última vez en una exposición conmemorativa del centenario del natalicio de Moreno Villa, en Madrid, en abril de 1987, en cuyo catálogo[9] se reproduce la única imagen que se conoce, la que encabeza este comentario.  

Moreno Villa también dibujó la mano y el rostro de Paz, entre 1940 y 1941. Si Moreno Villa volvió pintura el rostro del poeta, Paz volvió palabras el rostro del pintor: “Rostros de Moreno Villa, nunca esculpidos ni dibujados, siempre móviles, cambiantes, saltando del asombro al desgano: viveza, lirismo, melancolía, elegancia sin sombra de afectación”.[10]

De Lucinda Urrusti (1999).



NOTAS

[1] Octavio Paz, "Repaso en forma de preámbulo" en Obras completas, México, Fondo de Cultura Económica, 1993, p. 21.

[2] Patricia Rosas Lopátegui, Testimonios sobre Elena Garro, Monterrey, Ediciones Castillos, 2002, p. 359.

[3] Juan Pérez Ayala, José Moreno Villa (1887-1955), Madrid, Biblioteca Nacional, Madrid, 1987, p. 88.

[4] Octavio Paz, "Vivacidad de José Moreno Villa" en Obras completas, Fondo de Cultura Económica, México, tomo 3, 1993, p. 345.

[5] El retrato de Garro, hecho por Soriano, es de 1948; el de Antonio Peláez es de 1956.

[6] Helena Paz Garro, Memorias, México, Océano, 2003, pp. 22 y 23.

[7] Juan Pérez de Ayala (editor), José Moreno Villa. Iconografía, México, Fondo de Cultura Económica, 1988, pp. 125 y 126.

[8] "Columnas del Periquillo" en El Nacional, domingo 7 de enero de 1940, p. 45.

[9] El catálogo al que me refiero es el editado por Juan Pérez Ayala. Véase nota 3.

[10] Este texto tiene una versión previa en mi columna de El Universal.