Conversaciones y novedades

El retrato de Elena y Octavio

Ángel Gilberto Adame

Año

1938

Personas

Álvarez Bravo, Manuel; Gironella, Alberto; Soriano, Juan; Garro, Elena; Paz Garro, Helena; Moreno Villa, José; Cuevas, José Luis; Urrusti, Lucinda

Tipología

Investigación histórica

Temas

Los inicios del poeta (1936-1943)

 

Retrato de Elena Garro y Octavio Paz realizado por José Moreno Villa en 1938.

Dijo Octavio Paz: “Ver es un privilegio y el privilegio mayor es ver cosas nunca vistas: obras de arte […]. El lenguaje de la pintura —líneas, colores, volúmenes— entra literalmente por los ojos: su código es primordialmente sensible. La pintura es un lenguaje que se basta a sí mismo”. [1]

     El interés de Paz en las artes plásticas fue una segunda naturaleza. Esto se aprecia en los dos tomos de ensayos de Los privilegios de la vista. Es poco sabido que a veces llenaba páginas con dibujos y caricaturas. Una paradoja del gusto de Paz por la disciplina es que él mismo también fue traducido a esta forma artística. Se conocen al menos tres cuadros de él. Quizás el más famoso —pues ha sido exhibido mucho y se empleó en las cortinillas de la serie de televisión México en la obra de Octavio Paz— sea el de Alberto Gironella, de 1985. Otro es el de Lucinda Urrusti, elaborado a petición de El Colegio Nacional (en cuya galería aparecen todos sus miembros). Finalmente, como ganador del Premio Cervantes, Paz fue retratado en 1981 por Ángel Mateo Charris. Según los testimonios de José Luis Cuevas y Juan Soriano, a Paz no le gustaba posar (salvo para sus amigos fotógrafos, como Manuel Álvarez Bravo), por lo que no pudieron retratarlo.

Retrato de Paz elaborado por Ángel Mateo Charris en 1981.

     Un retrato más del poeta es el trabajo del gran escritor malagueño José Moreno Villa (que también pintaba), del cual, hasta hace a penas unos meses, sólo se sabía de su existencia gracias a cartas, periódicos y otros textos.

     Moreno Villa fue uno de los primeros republicanos que arribaron a México. Elena Garro y Paz, entusiastas promotores de la llegada de españoles al país, le ofrecieron hospedaje en su casa. A Garro —desde luego— sí le gustaba posar, y lo hizo para Juan Soriano, Antonio Peláez y Ramón Gaya. Esta última creación, al igual que el del andaluz, se perdió durante casi medio siglo y la poca información que se tenía de él provenía de Garro, quien lo mencionó en diferentes momentos de su vida:

Jueves 3 de octubre de 1974

[...] Fui a ver al cónsul de México, Martín Brito: Orense 11. Me recibió enseguida. Le expliqué que debía diez mil pesetas y me echaban a la calle con Helenita enferma. Le ofrecí el recibo de los mink valuados en 300 000 pesetas si me prestaba las diez mil. No quiso. Carece de dinero. Lloré. Me dijo volviera a las cuatro. Volví. Llamo a Pepa. Escena con ella. [...] “¿Te parece bien que tu única nieta vaya a un asilo de caridad que está consiguiendo el señor cónsul?”. “Yo no sé nada, etc.”. El cónsul escuchaba. Prometió el asilo para mañana, pues ya era tarde. Me dio mil pesetas. Salí tragando sangre. Volví al hotel. Helenita aterrada. Llamé a Carlos B. Le pedí las diez mil, le ofrecí los mink, el Gaya, el tocadiscos. [2]

Retrato de Elena Garro pintado por Ramón Gaya. 

     En 2018, el óleo terminó en el Muso Ramón Gaya, en Murcia, sin embargo, pasó desapercibida, pues nadie reconoció que se trataba de una representación de la literata, por lo que, sin darle mayor relevancia, se guardó en la bodega del lugar. Fue hasta 2024 cuando, el director del museo, Rafael Fuster, la identificó y decidió incluirla en la exhibición "De escritor a escritor", que se supo por fin dónde se encontraba la pieza.



Retrato de Octavio Paz hecho por Alberto Gironella en 1985.


     Regresando al trabajo de Moreno Villa, de este también se tenían pocas pistas. El autor andaluz lo mencionó en sus Memorias:

Lamentamos no verle [a Paz] ni personalmente oírle hablar con aquella pasión de cerebro joven entonces, con aquella seguridad de joven voraz que lo distinguía por los años en que yo frecuentaba su casa y le retraté al óleo, juntamente con Elena, su esposa. La simpatía mutua brotó desde su llegada de España. Siempre le tuve por uno del grupo hispano, el más afín de todos los poetas que iba conociendo en el nuevo continente.

     En este fragmento, el andaluz describe someramente el lienzo en el que aparece la pareja, lo que lo hace singular. En “Vivacidad de José Moreno Villa”, también Paz hizo alusión al momento en que fue retratado: “puedo recordar [su rostro] […], pintando mi retrato y el de Helena [sic], en casa de Guerrero Galván”. [3] Al cotejar este texto en las Obras completas de Paz, advertí que este párrafo fue eliminado, condenando el retrato aún más al olvido. [4] En los recuerdos de Helena Paz, también se puede conocer más de esta historia. Aunque ella habla de un tal Villaseñor, es muy posible que esté confundida y que, en realidad, se trate de Moreno Villa, pues la pintura es de 1938, por lo que Paz Garro sólo narra recuerdos transmitidos. El fragmento es revelador, ya que también mencionó el misterioso lienzo de Gaya:

Juan Soriano pintó un muy buen retrato de mi madre en esa época. [5] Lo mismo que Ramón Gaya. Villaseñor, el pintor español también le hizo un bello lienzo. Ante esto, mi padre se quejaba con los amigos: —¿Por qué no me pintan a mí? —Porque eres mofletudo, y no tienes ángulos— le contestaba la mayoría de los pintores. Sin embargo, tanto le suplicó a Villaseñor, que éste lo incluyó en un retrato que le había hecho a mi madre. Años después, cuando regresamos a México, una de las tantas veces que se separaron, mi padre, arbitrariamente, se llevó el cuadro de Villaseñor a casa de su madre y ahí se quedó. [6] 

     La pieza de Moreno Villa fue exhibida por primera vez en noviembre de 1940 en la Galería de Arte Mexicano de Inés Amor. [7] Se presentó, entre otros, junto con los retratos de Carolina Amor de Fournier, Enrique Diez-Canedo, Carmen Barreda, León Felipe y Daniel Cosío Villegas. Después, su rastro se perdió por más de cuatro décadas. Al narrar la parte que le contaron de esa historia, Helena Paz afirma que quedó en posesión de la familia y que pudo haberse quemado en 1996, en el incendio del departamento de su padre; desde luego, esto no corresponde a la verdad, sino a su fantasía. 

     Efraín Huerta, en Las columnas del Periquillo” —sección de chismes de la palomilla intelectual—, hace una mención sobre la pieza:

Actualmente, México está viendo que todos sus pintores —una mayoría, quiero decir— se entregan con envidiable ahínco al retrato. […] Sorianito amenaza pintar un grupo familiar con los esposos Paz y su hijita, a la que llaman la poetisa más joven de México”, título que también tendría la hija de Carmen Toscano. Si Juan Soriano pinta los retratos de Octavio, Helena y Laura Helena, no va a ser grueso el coraje de Moreno Villa, ya que éste, hace tiempo, hizo un cuadro semejante, aunque, es claro, sin la pequeña. Pero un día, José Moreno Villa despojó a los Paz del cuadro, de donde le surgió a Juan Soriano la idea de hacer uno por su cuenta. ¿En venganza? Es muy posible: se cuenta que el que pintara Moreno Villa no estaba del todo bien. [8] 

     Acaso, como señala Huerta con algo de malicia, el español se lo pidió a los retratados, lo cual habla acerca de la relación entre el poeta y el pintor, o dice que el resultado final no fue satisfactorio para alguna de las partes.

     El óleo fue visto por última vez reproducido en blanco y negro en el catálogo de una exposición conmemorativa del centenario del natalicio del artista en Madrid, en abril de 1987, siendo esta imagen la única que se conocía del lienzo hasta entonces. [9]

     A propósito de esto, Marcos Daniel Aguilar, redactor de Milenio, en su nota sobre la reaparición de la pintura, menciona que cometí un error al afirmar que la misma había sido parte de la exposición, pues no aparece en el registro de obras presentadas, sino como ilustración de la cronología de Moreno Villa. Sin embargo, sigue sin quedar del todo claro el origen de la foto, pues si no se tomó para inventariarla, tuvo que haber sido proporcionada por Paz o María José.

     Luego de este evento, se desconoció su destino por largo tiempo, sin embargo, una de mis conclusiones fue que era poco probable que Marie José hubiera consentido que su esposo conservara recuerdos de sus anteriores parejas, por lo que no era impensable que se hubiesen desecho de él. No obstante, para mi sorpresa y la de muchos, el lienzo apareció entre las pertenencias de la pareja.

     Según el boletín del INBAL, publicado el 27 de febrero de 2026 en su portal, durante la catalogación del patrimonio de Marie José Tramini y Octavio Paz, en colaboración con el DIF, se lograron inventariar 298,965 bienes, entre los cuales se encuentran 663 obras artísticas enmarcadas y 999 no enmarcadas. Aquí se encontró el trabajo de Moreno Villa, el cual fue digitalizado e incluido como imagen en el informe (misma que se reproduce en el encabezado de este comentario), por lo que ahora es posible apreciar los colores reales del óleo, abundante en tonos amarillos y marrones. [10]

      El redescubrimiento de esta pieza es de gran relevancia, pues como mencioné esta es la única pintura que se tiene de la pareja, además, nos da indicios de que se siguen conservando posesiones igual de interesantes en su archivo.

     En conclusión, no cabe duda que Moreno Villa admiraba mucho a Paz, ya que, además de este retrato, entre 1940 y 1941, también dibujó la mano y el rostro de Paz. Esta admiración era mutua, pues, así como Villa volvió pintura el rostro del poeta, Paz volvió palabras el rostro del pintor: “Rostros de Moreno Villa, nunca esculpidos ni dibujados, siempre móviles, cambiantes, saltando del asombro al desgano: viveza, lirismo, melancolía, elegancia sin sombra de afectación”.  [11]

Retrato de Paz hecho por Lucinda Urrusti en 1999 para El Colegio Nacional.




[1] Octavio Paz, "Repaso en forma de preámbulo" en Obras completas, México, Fondo de Cultura Económica, 1993, p. 21.

[2] Patricia Rosas Lopátegui, Testimonios sobre Elena Garro, Monterrey, Ediciones Castillos, 2002, p. 359.

[3] Juan Pérez Ayala, José Moreno Villa (1887-1955), Madrid, Biblioteca Nacional, Madrid, 1987, p. 88.

[4] Octavio Paz, "Vivacidad de José Moreno Villa" en Obras completas, Fondo de Cultura Económica, México, tomo 3, 1993, p. 345.

[5] El retrato de Garro, hecho por Soriano, es de 1948; el de Antonio Peláez es de 1956.

[6] Helena Paz Garro, Memorias, México, Océano, 2003, pp. 22 y 23.

[7] Juan Pérez de Ayala (editor), José Moreno Villa. Iconografía, México, Fondo de Cultura Económica, 1988, pp. 125 y 126.

[8] "Columnas del Periquillo" en El Nacional, domingo 7 de enero de 1940, p. 45.

[9] El catálogo al que me refiero es el editado por Juan Pérez Ayala. Véase nota 3.

[10] INBAL, Boletín No. 214, 27 de febrero de 2026.

[11] Este texto tiene una versión previa en mi columna de El Universal.


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